sábado, 31 de mayo de 2008

Peñas arriba (II)

A eso de los quince años, empezamos a salir sólos a la Sierra. Ésto, que ahora parecería extraño, a mediados de los setenta, era de lo más normal. Además las salidas rara vez eran de un día, sino de todo el fin de semana, e incluso ya con dieciséis una semana santa entera. Nos daban el dinero justo para el tren y poco más y desaparecíamos dos días enteros de casa, con una somera idea de dónde íbamos ¡y sin móviles!.

Solíamos ir en autobús.; en LARREA si a Guadarrama, en LA MADRILEÑA si al Puerto de Navacerrada o el de Cotos, cuyo famoso autocar nº 1 siempre se estropeaba en la Fuente de los Geólogos. Ambas salían del Paseo de la Florida, y siempre quedábamos en la esquina de Casa Mingo, con lo que la sidrería se llenaba de chavales con mochilas y pantalones bávaros. Si el destino era La Cabrera , el Valle de Lozoya o Patones, entonces era LA CONTINENTAL de la calle Alenza. Para Cercedilla, íbamos en tren, luego enlazando con el “funicular” a Navacerrada o a Cotos. Pero de todos los transportes “regulares” el más pintoresco era el bus de la “Fifí”, que subía de Manzanares a Cantocochino en La Pedriza. Este autobús destartalado era conducido por la Fifí, una señora ya mayor que siempre llevaba a su perro sentado al lado de la palanca de cambios. Alardeaba a voces de ser comunista (en aquellos tiempos) y de ser compañera de La Pasionaria. Había que echarle más valor en ese bus que en el “Escudo” de la Sur del Pájaro.

Debido a las penurias económicas pronto empezamos a desarrollar “técnicas de ahorro”, sobre todo en el tren. Bajando en el funicular de Navacerrada, bajábamos andando hasta el apeadero de Collado Albo y allí lo cogíamos, lógicamente sin billete, y al revisor no le daba tiempo a pasar antes de llegar a Cercedilla, final de trayecto. En el tren de regreso a Madrid, Domingo por la tarde, y lleno a rebosar, íbamos recorriendo el tren hacia la cabecera delante del revisor y para cuando llegábamos a Nuevos Ministerios, ya nos habíamos bajado. Todas estas técnicas nos permitían mayor libertad para ir al monte, ya que podíamos prescindir del “permiso paterno”, que principalmente consistía en el dinero para el viaje, y si lo teníamos, se convertía en otros suministros como Celtas cortos y alguna cerveza. Respecto a la comida no había problemas, fabada Litoral y sardinas Cuca, hábilmente sustraídas de la despensa familiar, eran la dieta habitual.

Lo que fue el no va más, fue cuando descubrimos el autostop. En aquellos tiempos te paraban sin demasiada dificultad y si además llevabas arreos de montaña pues era más fácil. He bajado las siete revueltas de Navacerrada en cajas de camiones (ríete de los cinturones de seguridad) y el cura de Guadarrama nos solía bajar del Alto de los Leones en un Mini Morris, que ríete tú de Fernando Alonso, yo creo que como pensaba que iba con Dios le daba todo igual. Otro transporte peculiar era el porquero de Uceda. Lo utilizábamos cuando volvíamos de Patones, un Patones muy distinto al de ahora, sin nadie allí y con sólo dos vías abiertas en artificial con spits. Pues el porquero de marras nos traía desde el puente de Uceda, en la caja de una DKW que se caía a pedazos, sin asientos, pero eso sí, con unos buenos pegotes de estiércol en las ventanillas.

Viejos y buenos tiempos, de libertad y horizontes abiertos, de compañeros de fatigas, compartiendo una lata sardinas, mojaduras y tiritonas en simulacros de sacos de dormir, algunos tragos de vino y caladas de un cigarrillo; el Me, Juanillo, Willy, José Antonio, Gonzalo…. algunos, ya se fueron para siempre.

Salud. Va por vosotros.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Recordando a buena gente


No sé por qué, hoy me acordé de ella


CABRA SOLA

Hay quien dice que soy como una cabra;
Lo dicen lo repiten, ya lo creo;
Pero soy una cabra muy extraña
Que lleva una medalla y siete cuernos.
¡Cabra! En vez de mala leche yo doy llanto.
¡Cabra! Por lo más peligroso me paseo.
¡Cabra! Me llevo bien con alimañas todas,
¡Cabra! Y escribo en los tebeos.
Vivo sola, cabra sola,
-que no quise cabrito en compañía-
cuando subo a lo alto de este valle
siempre encuentro un lirio de alegría.
Y vivo por mi cuenta, cabra sola;
Que yo a ningún rebaño pertenezco.
Si sufrir es estar como una cabra,
Entonces sí lo estoy, no dudar de ello.

Gloria Fuertes (De Poeta de guardia,Barcelona: El Bardo, 1968).

lunes, 26 de mayo de 2008

¿Usted no es de aquí?

Allá por el año 72 del siglo pasado, cuando yo contaba 11 años y medio, empecé a ir al colegio en transporte público. Esto que dicho así no parece nada significativo, tomará su verdadero valor si explico que atravesaba Madrid de Oeste a Este para ir de casa al colegio. Así que allí me veis, por la mañana, aún de noche, mientras mis compañeros todavía dormían, yo andaba a veces en bus, otras en metro, compartiendo frío y legañas con los trabajadores madrileños de la época. Mi abuelo, gastándome coñas, solía decir que a esas horas sólo andaban por la calle las putas, los borrachos, los jugadores y otras gentes de mal vivir.

Recuerdo sobre todo los obreros en el metro. Albañiles, mecánicos y torneros de la Perkins y la FEMSA, que se distinguían por las manchas de las manos, todas igual de rudas y enrojecidas. Si con restos de yeso albañiles, si de grasa obreros de los talleres de automoción y maquinaria de los polígonos del este de Madrid. Manos bastas y duras( mi manía de las manos), que estiraban la americana de botones tirantes sobre el jersey de lana de punto grueso, cuyo cuello vuelto delimitaba la barba mal afeitada. Botas “chirucas” o de “segarra” entre las cuales sujetaban la bolsa de deportes “adalidas” o “Munich 72” que contenía el almuerzo de la jornada.

Llegabas a la estación de Ciudad Lineal y después de atravesar los pasillos con pintadas de “Camacho libertad”, salías a la desvaída luz del amanecer invernal encontrándote de frente con el jeep gris de la Policía Armada.

Treinta tres años después, aquel niño, que soy yo, vivía lejos del centro del país. Tenía tres hijos y llegaba la tarde del 5 de Enero de 2005 en un moderno tren AVE a la estación de Atocha. Bajé de un salto del tren y salí corriendo hacia los andenes contiguos de los trenes de cercanías. Iba a Coslada, donde, junto a mi mujer, hijos, familia política y sobrinos íbamos a ver la Cabalgata, como ya llevábamos haciendo algunos años. Entré en tromba en el andén, justo a tiempo de subir al tren.

Ya en la plataforma, empecé a recuperar el resuello y a buscar ubicación para los escasos veinte minutos de trayecto. Entonces me di cuenta. Estaba en el tren de la muerte. Hacía escasos 9 meses que en trenes como ése y en ese recorrido 198 personas habían perdido la vida en el mayor atentado de la historia de éste país. Me estremecí, pensando en ello, y empecé a observar a la gente que llenaba el vagón. Era a última hora de la tarde y los trabajadores regresaban a las ciudades dormitorio del este de Madrid, Coslada, San Fernando, Alcalá de Henares… Entonces recordé mis viajes en el metro yendo al colegio. Las americanas raídas ahora eran cazadoras de Carrefour, las botas “chirucas”, zapatillas deportivas y las bolsas de deportes, mochilas multicolores. Pieles oscuras o morenas junto a cabellos rubios y ojos azules. Acentos del este de Europa y del norte de África. Caras de cansancio, cabezadas apoyados en una barra, una sonrisa de dientes blancos deslumbrantes. Risas. Silencios.

Lo único que permanecía invariable eran las manos, maltratadas, duras, enrojecidas, de dedos gruesos. Con las manchas distintivas de yeso o grasa.

Treinta y tres años para nada. La máquina insaciable del capital sigue demandando alimento. No le importa el color de la piel, la edad o la procedencia.

Lo único que quiere son manos,……esas manos.

Blanco + Negro

Nunca me gustó que me impusiesen mis filias y fobias. Y como siempre fui espíritu curioso, cuando me señalaban una fobia, yo indagaba, y a veces la fobia se convertía en filia. Son los inconvenientes del criterio propio. Por eso, yo creo que hay que desconfiar de todo aquello que intente sortear la razón y la lógica, menospreciando nuestro “criterio propio”. Quizá a eso se deba mi equidistancia lejana tanto de la religión como del libro rojo de Mao. Y no a humo de pajas, sino por el resultado empírico de mi educación en un colegio “de curas” y mi militancia en la temprana juventud en una organización maoísta. La experiencia directa de las cosas, o bien la indirecta contrastada por varias experiencias ajenas (lectura, relato, etc.), componen la base fundamental para la formación de nuestro criterio, y nuestro criterio es nuestra independencia. Siempre fue difícil ser independiente, porque supone tener criterio, y a su vez supone adquirir información, analizar, pensar y decidir, y para todo eso hay que tener tiempo y ganas. Los poderes que siempre lo fueron en el mundo, lo saben, e intentan por todos los medios a su alcance, facilitarnos la opinión “hecha”, ahorrándonos el “trabajo de pensar”. Ésto lo hace tanto El País como la Conferencia Episcopal, Comisiones Obreras (o CCOO que diría Urdaci) o la CEOE, tus padres o tus amigos.

Aprendí a no tener miedo a ser distinto, a no pensar como los demás, a poner la cara al viento, como decían personajes tan dispares como Raimon y Manuel Gutiérrez Mellado, aunque escueza. En definitiva, no importarme ser el raro, porque creía lo que pensaba, aún siendo consciente de la posibilidad de estar totalmente equivocado. El gris continuo. Porque es la mezcla del blanco y el negro. Y los colores complementarios son los que mezclados dan gris. Gris …….

domingo, 25 de mayo de 2008

Fiebre de Chamberí

La primera línea de metro de Madrid se inauguró en 1919, el año del Tratado de Versalles, el mismo año en que Mussolini fundó el Partido Fascista y en el que también Falla estreno "El Sombrero de Tres Picos". España intentaba subirse al carro de la modernización europea con el ferrocarril metropolitano, a pesar de las grandes carencias de todos los órdenes de la sociedad española.
Eran ocho estaciones que iban desde la Puerta del Sol a Cuatro Caminos, uniendo el centro de la capital de España con la puerta de las barriadas obreras del norte de Madrid. Hoy en día ésta, la denominada línea 1, se extiende más allá, en sus dos extremos, de las estaciones originales, pero con el pasar de los años, exactamente en 1966 perdió una de sus estaciones, la de Chamberí. Situada entre las de Bilbao e Iglesia, fue suprimida al aumentarse los convoyes de 4 a 6 vagones y ser imposible técnicamente su ampliación.

Durante decenios, ésta estación ha sido una parada fantasma, acumulando polvo y anclada en el pasado, inmune a los cambios de estética de las estaciones y los trenes. Se intuía en la semipenumbra de las luces del vagón reflejadas sobre los azulejos al pasar.

Sin embargo esta mañana, me he llevado la sorpresa al pasar esta por la estación fantasma, de encontrármela iluminada, reluciente con sus azulejos blancos y anuncios multicolores, en pleno esplendor del diseño parisino art noveau en el que se inspiró el arquitecto Palacios. Resulta que don Alberto, munícipe de la ciudad, la ha restaurado y convertido en Museo.

En mis años madrileños, al pasar por esta estación siempre me acordaba de un sueño recurrente en mis estados febriles de gripes y resfriados. Me subía en el ascensor y pulsaba el piso 3º y el ascensor al llegar a éste no paraba, continuando hacia arriba y superando los seis pisos de la finca. Entraba en un territorio extraño y desconocido donde los pisos tenían nombres indescifrables y eran habitados por personas que yo sabía extrañas e inquietantes que me miraban de forma escrutadora. A partir de hoy cuando viaje por la línea 1 y pase por la estación de Chamberí, me tocaré la frente y me preguntaré ; ¿tengo fiebre?.

jueves, 22 de mayo de 2008

Me gusta conducir

La mano fuera de la ventanilla jugando con el viento de la velocidad, la luz del crepúsculo que ilumina a tu pareja dormida en el asiento del copiloto, ¿quién no ha tenido momentos así?, pues claro coño, ¡me gusta conducir. Otro que es daltónico pero al revés y confunde colores de cosas y su coche. ¡La leche de ingenioso!.

Es la nueva ola de publicidad, sobre todo de coches que llamo conceptual. Ya no se anuncia el modelo de coche, sino situaciones agradables que probablemente nos han ocurrido a todos y que nos conectan directamente con ese recuerdo inconsciente nuestro de “estar bien”. Sibilino el asunto ¿eh?. Pues en eso andamos. Por otro lado publicidad ingeniosa, situaciones paradójicas; la verdad es que se riza el rizo. Llega un momento en que la publicidad casi llega a ser un arte refinado. Pero …..

La otra noche estaba disfrutando el intermedio del médico, cojo y cabrón, cuando empezó un anuncio que me enganchó desde el primer momento, una niña como de cinco años que les dice a sus padres que va a tener un hijo. Empiezan a encadenarse imágenes de otros niños contando lo mismo, y diciendo lo que les gustaría dejar a sus hijos. Hablan de que hay que cambiar muchas cosas ¡hay que cambiar el mundo!. Y de que es muy difícil, pero que ¡quién dijo miedo!. Uno que desde que tiene prole es de emoción fácil empieza a sentir el nudito en la garganta y el ojo húmedo, y entonces pienso ¿de quién será el anuncio? (hasta ahora no lo había pensado), ¿UNICEF?, ¿Médicos sin fronteras? o …. ¡la ONCE!. Las imágenes de funden a negro. Lentamente aparece un logotipo. E N D E S A.

¡Serán mamones!

miércoles, 21 de mayo de 2008

La Comunidad


Vivo en una comunidad de vecinos estupenda, y tenemos un presidente de comunidad muy bueno. Nos lo recomendó el anterior, que estuvo 39 años, y le hicimos caso; la verdad es que nos va muy bien. Hay algún problemilla, pero nos apañamos. Como cuando nos da lo que nos corresponde para los gastos del mes, los del 6º protestan y dicen que si ellos ganan más porque no les da el presidente más para sus gastos. La razón que da el presidente es que tiene que haber para los que ganan menos. También nos recuerda que debemos gastar menos luz y agua, que no podemos. Pero hay una cosa que no entiendo. ¿Por qué en casa del Presidente siempre hay luz y se escuchan correr los grifos de la bañera?. Además nosotros no sabemos lo que gana ni lo que tiene para sus gastos. Pero no importa, NOS APAÑAMOS.

Lo que si nos está costando es lo del inglés. Resulta que tenemos que hablar todos en inglés para que nos entendamos mejor, dice el presi, pero los del 6º dicen , igual que los del 8º, que porqué tienen que hablar en inglés cuando siempre han hablado en francés, y digo yo, que no les costaría esforzarse un poquito como hacemos los demás. Pero no importa, NOS APAÑAMOS.

Algunos, sobre todo los más jóvenes, dicen que porqué no cambiamos al presidente, que porqué no hacemos unas elecciones, y que ellos hablan lo que les da la gana, y que el dinero que ganan es suyo (sobre todo los del 6º). Y digo yo que para que cambiar, si estamos muy bien, tan a gusto, NOS APAÑAMOS.

Algunos bloques cercanos, están amenazando ruina y algunos de los vecinos se nos han metido en el portal. Viven ahí, y la verdad es que no dan un espectáculo muy agradable (aparte de que no hablan inglés y no hay quién los entienda). El presidente les ha dicho que se tiene que ir. Unos cuantos han llegado a un acuerdo con los del 2º y les dejan estar allí si les limpian la escalera y el rellano y les bajan la basura; eso sí, gratis. Y digo yo que donde vamos a ir a parar, que habrá que echarlos algún día, pero no importa, NOS APAÑAMOS.